LOS CHISTES DE COSIACA

 

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 LOS MEJORES CUENTOS DE COCIACA

EL ALMUERZO COMO EN LA CASA 

¡Este Cosiaca siempre es que era muy avispao! Ese no se varaba nunca, y por pobre que estuviera siempre andaba de buen humor y por lo menos la lata se la levantaba.
En una ocasión llegó a Guaca. Allá había unas fiestas muy alegres que estaban en su fina.
¡Valientes fiestas tan buenas! ---dijo cosiaca---. Aquí si que voy a pasar yo bien sabroso…pero lo importante es ir a almorzar que está haciendo mucha hambre.
se entró a una fonda, muy campante aunque sabía que no tenía para el almuerzo.
Llegó al comedor, se acomodó y dijo:
---Buenas mi señora. Necesito que me sirvan un almuercito bien bueno. Pero tal como me lo sirven en la casa.
---como no señor. Ya mismito.
Le trajeron el almuerzo. Se lo comió y fue a salir muy orondo sin pagar. Cuando lo atajó la mujer:
---Oiga, señor: ¡usté no ha pagao!
---Qué voy a pagar, mi señora, si yo le advertí que me sirviera un almuerzo como me lo sirven en mi casa y en mi casa no me cobran….
 
 

COCIACA SABIA COMER GRATIS

Por la noche se fue a merendar; ---Vea, señora: sírvame un chocolatito.
---Si, señor, Demás.
---Pero en una tacita grandecita….y bien parviao…
---si, señor.
Se sentó cosiaca a beber chocolate y a comer. Y así que ya terminaba, sacó del bolsillo unas cucarachas que había llevao y las echó en la taza, con harto disimulo.
Y comienza de esta manera:
---¡gas!; virgen…¡gas!
Y haciendo arquiadas. Haciendo arquiadas.
---Qué le pasó, señor? ¿Qué le pasó?
¿qué clase de fonda es ésta? ¡Gas! ¡Auf! Vea las cucarachas que me encontré. ¡Gas!
---Haga silencio, señor ---Suplicaba la vieja--. ¡Calle la boca! ¡Mire que está mirando todo el mundo!
---¡Gas! ¡Gas!
---Ay, señor. Mire; bien pueda váyase y no le cobro la merienda.
Y Cosiaca, que esto ero lo que esperaba salió satisfecho. Comió y merendó y nada le costó.
 

COCIACA EXIGENTE

Al otro día le hizo un mandado a una señora. Para que le diera almuerzo.
Llegó a la cocina y le dieron una sopita.
---¿Y qué más es el almuerzo? ---preguntó.
---Nada más.
---Entonces sírvame la merienda, pa que salgamos d’eso di una vez…
---Bueno, Cosiaca. Le vamos a encimar un huevo a caballo.
Le sirven un montón de arroz, y encima, un huevo frito.
---¿Y esto qué es? ---pregunta Cosiaca.
---¿Pues no ve? Un huevo a caballo.
---¿Si? Entonces ¿ por qué no me hace el bien y me le pone una monturita de carne y un par de estribos de yuca? El cuento anterior fue tomado del libro (Testamento del Paisa) escrito por Agustín Jaramillo Londoño. Escritor costumbrista nacido en Medellín - Colombia en el año de 1923.
 

LOS CUENTOS DE PEDRO RIMALES y QUEVEDO.

Pedro Rimales era muy pícaro. Una vez…vio en una loma, por allá arriba, una casita y resolvió subir a pedir de comer. ¡Tanta era el hambre que llevaba! ¡Subió esa loma! Y le dijo a la viejita que vivía allá, que le diera algo de comer, que le vendiera…
---No, Pedro ---le dijo---. En esta casita no hay nada hoy.
Pedro Rimales salió otra vez, loma abajo y, cuando casi había bajado del todo, le gritó la mujercita.
---¡Pedro!! ¿A vos te gusta la carne de venao?
---¡Sí!! -¿ pega que carrera! Y así que subió, la vieja le dijo:
---No: fue que ayer pasó por aquí un venao…
 

LAS COSAS DE RIMALES

 
A Pedro Rimales le gustaba mucho dormir hasta bien tarde. Y la mamá se levantaba a hacer el oficio a las cuatro de la mañana. Y le dijo a Pedro:
---Pedro: levántate, que el que tres horas antes del amanecer se levanta, se aumenta su salud y su capital se adelanta.
Y Pedro contestó:
El que tres horas antes del amanecer se levanta, pierde de dormir un sueño y cualquier bulto lo espanta.
 
 

OTRA SALIDA DE PEDRO RIMALES.

 
Y otro día le dijo la mamá:
---Levántate, Pedro, que el que mucho madrugó, una pelota di oros’incontró.
Y Pedro Rimales le dijo: ¡Más madrugó el que la botó.
 
 

 QUEVEDO CON EL SEÑOR OVISPO

 
Quevedo le hacía de comer a un señor obispo. El rey no quería al señor obispo y lo iba a matar; a buscar izque causas pa podelo matar. Y inventó una: se publicó que lo iba a matar si no le adivinaba tres cosas. Quevedo lo encontró llorando. ---¿por qué llora? ---le preguntó. Y el señor obispo le dijo: ---Es que que el rey me ha de matar, sino le adivino tres gracias y él lo que quiere es matarme. El izque me odia mucho.
---Te tranquilo ---le dijo Quevedo---. Te tranquilo que el rey no lo conoce a usté; yo me pongo sus ornamentos y voy a presentarme ante el rey.
Le dijo el rey: a ver…. Me va a adivinar tres gracias…
---¡Bien pueda diga!
---Qué me haga el favor de decir cuánto pesa la luna.
Y Quevedo le contestó: la luna pesa cincuenta y cinco mil millones de toneladas.
---¿Cómo me comprueba eso? ¿Cómo sé que es verdad lo que uste´dice? ---Muy fácil ---contestó Quevedo---. Usted es el rey: mándese bajar la luna y la pesamos..
---¡aguarde! ---dijo el rey---, aguarde que usté me tiene que adivinar son tres gracias, y todavía faltan dos. Y la segunda es que me va a decir cuánto valgo yo.
---¿Usted? Muy poquito. ¡Usted qué va a valer!! Si cristo, que es el rey de cielos y tierra, fue vendido por treinta pesos, usté, que no manda sinó aquí en esta comarca, lo más que valdrá serán quince pesos…
El rey ai si se puso malucón; siempre le dio algo en que pensar…
---Me hace el favor ---dijo el rey---…. Me hace el favor y me adivina que estoy pensando yo….
---Usted está pensando que está conversando con el señor obispo, y está conversando es con Quevedo, el cocinero del señor obispo. Vea: no vaya a molestar a ese obispo pa nada. Si yo, que soy apenas el cocinero, le puedo contestar todas las gracias que me pregunte…, ¡ese lo tumba! No se meta con él, que lo tumba a usté.
 
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